Una vez conocí a una escritora. Bueno, conocer no sería el término preciso. Digamos que tuve un contacto del segundo tipo con una escritora. Ahora bien, no estoy diciendo que las escritoras son extraterrestres, ni mucho menos (algunas si tienen la cabeza grande y el cuerpo blanco luminoso), pero al menos creo que este no era el caso.
Una vez, gracias a internet y esto de las comunidades, empecé a comunicarme con ella. Después de tanto spam que me invitaba a tener erecciones más prolongadas, o a reclamar la herencia de un multimillonario solitario que quería hacer una buena obra en vida; estas palabras, que llegaban sin pedido pero diligentemente, eran algo muy raro. Sobre todo en una época donde los escritores sólo aparecen en el álbum de chocolatinas al lado de otras especies.
En su última etapa, según me contaba, se había dedicado a escribir poemas y cuentos cortos y por alguna extraña razón empecé a protagonizarlos. He sido toda mi vida un sordo para encontrarle el “ritmo” a la poesía, sólo en contadas ocasiones quisiera poder recordar algunas para poder decirlas “espontáneamente”. Lastimosamente mi memoria sólo es capaz de almacenar cosas inútiles (pero sorprendentes) y funciona de manera parecida a los computadores con su “Recent Activity”.
Cada vez que esta mujer escribía algo nuevo, me sorprendía gratamente. Para mi era imposible describir el mundo tal y como ella lo veía. Duraba horas tratando de descifrar sus mensajes tan simples y bellos. Su glosario habitual incluia palabras de esas que sólo se oyen cuando se deforman otras. Era sorprendente.
Hasta que un día, después de que sus palabras alcanzaran el climax de lo bello, empezaron a bajar de tono de igual manera que el petróleo, el dólar y las bolsas del mundo. Parecía que la crisis mundial también afectaba el valor de las palabras y aquellas líneas épicas se habían transformado en canciones de Johnny Rivera. Mi política infranqueable de no buscar resultados y hechos concretos, aceleró la caída y en poco tiempo me mandó al infierno. Bueno, “al terreno etéreo donde los demonios, vestidos de tristeza, reciben al entendimiento y se lo llevan de fiesta”.
Y yo sigo aquí.
miércoles, enero 07, 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
4 comments:
Piiii. Esto está brutal. Hace mucho tiempo no leía algo tuyo y al leerlo ientifiqué de inmediato tu fantástico sello. Palabras bonitas que saltan a la vista y van mil veces más allá.
Un saludo y un gran abrazo para ti!!
Lou.
Hola es la primera vez q te visito y me ha gustado mucho lo q he visto, asi q me tendras x acá de vez en cuando.
Andrea Marcela.
Uy gracias. muy bienvenida!
Eso le pasa por ser ñoño y no parecerlo... Buen texto Toro.
Publicar un comentario en la entrada